Sería impensado no asociar a Homero Simpson con la cerveza, en especial con su marca preferida Duff. Su regordeta imagen es producto de una mala alimentación acompañada por cientos de litros ingeridos de esta bebida amarilla durante muchos años ocasionando una pronunciada y ancha cintura.

Se ha confirmado a través de estudios que tanto hombres y mujeres que beben alcohol, de manera continuada, sufren en mayor medida obesidad abdominal y que puede conducir al aumento de la mortalidad en adultos. El efecto del alcohol en la grasa acumulada es mayor en el caso de la cerveza que en el del vino, sin embargo, ambos tienen un marcado efecto sobre esta adiposidad.

Por su parte, los hombres que consumen más cerveza presentan un exceso de riesgo del 75% de obesidad abdominal, mientras que los elevados consumidores de vino exceden del riesgo un 25%. En las categorías altas de consumo de cerveza y vino, el exceso de riesgo para la cerveza es casi el doble que para el vino en las mujeres. Así, los hombres que consumen tres o más vasos diarios de cerveza incrementan un 50% su riesgo de padecer obesidad abdominal mientras que los que consumen uno o dos lo incrementan un 15%. Sin embargo, las mujeres que beben uno o dos vasos diarios a lo largo de la vida tienen un riesgo ligeramente mayor de desarrollar obesidad abdominal que las que no llegan a consumir medio vaso. Las que consumen tres o más vasos diarios duplican su riesgo.

Cintura creciente

En el Perú, el consumo de cerveza ha aumentado considerablemente en los últimos quince años, debido a que hemos ido obteniendo protagonismo en gastronomía.  Su consecuencia se ve reflejada en que muchas comidas van acompañadas con esta bebida. Rica combinación, sí. Sin embargo, también tiene como consecuencia una mayor acumulación de grasa abdominal.

Aunque no todo es malo al beber cerveza, pues la mezcla entre sus principales ingredientes como el lúpulo y la cebada contienen una cantidad apreciable de proteínas, fibra, vitaminas del grupo B (B2, B6, B12, folatos y niacina) y de minerales como el magnesio y selenio, importantes como agentes inmunoestimulantes, además de importantes antioxidantes como son los polifenoles.

Por otra parte, son numerosos los estudios epidemiológicos que han investigado los efectos del consumo de alcohol en el peso corporal, mostrando resultados contradictorios al observarse tanto aumentos como disminuciones en el peso y la grasa corporal.

Algunos estudios han relacionado el consumo de cerveza con una mayor ingesta calórica total y en consecuencia, con el incremento en algunos parámetros relacionados con la composición corporal como el Índice Cintura-Cadera (ICC). Por otro lado, se ha señalado como poco probable que el aumento del ICC o del Índice de Masa Corporal (IMC) sea debido a la ingesta de cerveza, sino más posiblemente a unos hábitos de vida incorrectos. Al contrario, otros estudios han asociado el consumo de cerveza con un aumento de la actividad física y un descenso del IMC y de la prevalencia de obesidad.

 

En cualquier caso, la aportación calórica de la cerveza es muy inferior a la de otras bebidas alcohólicas (una caña de 200 ml aporta 90 kcal), similar a la de bebidas refrescantes a base de cola o extractos de fruta.

Ahora conociendo todo esto podríamos decir: ¡qué bien cae una cerveza! A su vez, hay que considerar lo que bebamos se acumula en nuestra cintura hasta convertirla popularmente en una ‘barriga cervecera’.